Bernardo de Claraval (1090-1153) fue el coach de referencia en la Europa del siglo XII. Asesoró a papas y reyes, pilotó situaciones complejas; sus consejos eran ansiosamente solicitados por los altos directivos. Mostró que no sólo conocía la teoría, sino también la práctica del management. Desde su llegada a Molesmes en 1113 hasta su fallecimiento cuarenta años más tarde erigió ¡160 monasterios!

El nombramiento como Papa con el nombre de Eugenio III de Bernardo Paganelli di Montemagno, uno de sus discípulos en el Cister, fue ocasión para que redactase un vademecum sobre gobierno de organizaciones: De Consideratione. En él se encuentran enseñanzas tan relevantes como actuales.

Escribió Bernardo que es preciso gobernar como una madre, no como un estricto director de escuela. Con los afectos, señala, se logra más que con exigencias frías. Recuerda a Eugenio III que para los honestos los cargos son cargas. Comparto tu sufrimiento al tener que tomar decisiones, le confiesa.

Previene al Santo Padre (aplicable a cualquier CEO) de que volcarse con exceso en la gestión lleva a la pérdida de la visión estratégica y de la necesaria serenidad, tan precisa para acertar cuando se maneja el timón.

Recomienda el autor medieval darle tiempo al tiempo, porque una noticia aparentemente desconcertante, con el paso de los días puede entenderse mejor y hacerse llevadera. La precipitación es propia de inmaduros. Quien tiene corazón duro será mal gobernante, anota. Las personas se achican ante el exceso de requerimientos. Quien juzga con crueldad nunca liderará. Quien solo acumula del pasado los errores se vuelve severo. Tanto la impaciencia como la parsimonia son contraproducentes. Cada encrucijada debe contar con tiempo para madurar. Cuidado con la avaricia, insinúa Bernardo, porque reprime una percepción objetiva de la realidad.

El objetivo de un coach, puntea, no es hablar con seguridad, sino indicar retos que es aconsejable plantearse. La sabiduría proporciona orden al caos, suministra las conexiones correctas, desentraña misterios, indaga en ventajas e inconvenientes…

Desde que el mundo es mundo, está presente el mito de momentos mejores precedentes. Bernardo de Claraval pone en boca de Eugenio III su enorme preocupación por los grandes cambios frente al pasado, que llevan a que juzgue que ¡en los comienzos del siglo XII sea más difícil gobernar que en periodos precedentes! El motivo sería que se habrían multiplicado los mentirosos, los violentos, los opresores de los pobres. ¿Qué diría si viviera en la actualidad?

Bernardo ironiza en el capítulo X de De Consideratione con la intervención de los abogados, de los que considera que con sus batallas lingüísticas más subvierten la verdad que contribuyen a su esclarecimiento.

El coach cisterciense aconseja a Eugenio III delegar para centrarse en lo importante, en lo estratégico. Subraya la relevancia de la humildad: aunque sea Sumo Pontífice, su discípulo no ha de olvidar que es ceniza, no sólo que lo fue, sino que lo sigue siendo. No somos, reitera con palabras de la Sagrada Escritura, más que barro en manos del alfarero. Para lograrlo, le aguijonea para que se mire al espejo y considere si ha de ser más afable, austero, generoso, generador de confianza… En el fondo, le prescribe un feed back 360.

Con sapiencia, pormenoriza Bernardo que es más fácil encontrar personas con sentido común cuando han sufrido contradicciones, porque el éxito inclina a henchirse de jactancia. El abad recuerda que cuando no se cumplen las leyes y específicas normativas es insoslayable corregir. Si no, la impunidad lleva que la gente no mejore. La desatención, concluye, es madre de todos los vicios.

Sugiere, en fin, la importancia de contar con asesores justos, pacientes en el sufrimiento, disciplinados, fieles a sus compromisos, amantes de la paz, consistentes en el mantenimiento de la unidad, prudentes en el consejo, discretos en el gobierno, cuidadosos en la planificación, esforzados en la acción, modestos en sus conversaciones, tranquilos en la adversidad y en la prosperidad, hospitalarios, circunspectos…

Solo los nescientes se atreven a afirmar que las habilidades directivas han sido inventadas por autores anglosajones del siglo XX.