Joseph Joubert (1754-1824) se cuenta entre los más profundos pensadores galos. Su aproximación asistemática no resta nada a su sagacidad antropológica.

Su obra Pensamientos desborda reflexiones de crecidísimo provecho. Comienzo con una de plena actualidad: “a los sabios hay que decirles la verdad; a los necios hay que seguirles la corriente”. Entonces y ahora se propaga que la simpleza de cualquier ignorante ha de ser tomada en consideración. Joubert no comulga con semejante banalidad.

Se ha difundido también el oxímoron ‘pensamiento grupal’: si es pensamiento, no puede ser grupal; y si es grupal, no podrá considerarse pensamiento. Joubert emplea una hermosa metáfora, la de que es preciso “hacerse espacio para desplegar las alas”. Es urgente e importante huir de la lógica endogámica propuesta en determinadas organizaciones, que tiende a extirpar la reflexión individual profunda y consciente, porque buscan sumisión y no talento.

Ante existencias superficiales, Joubert recuerda que lo importante no es cuánto se dura, sino cómo se vive. Avanzar hacia la perfección es complicado, pero “¡permanecer en ella! Esto es lo difícil”, sentencia.

En Pensamientos no se hallan perspectivas simplificadoras de la realidad; se proponen soluciones eficaces para, entre otras cosas, establecer relaciones adecuadas con quienes vamos encontrando en el camino. Así, sugiere a sus lectores que apliquen una sabia práctica: “cuando mis amigos son tuertos, los miro de perfil”. ¡Cuánto más lograríamos en nuestras relaciones profesionales si en vez de murmurar, calumniar o chismorrear, procurásemos admirar los aspectos positivos que toda persona tiene! Emular y no envidar sería el grito de guerra que deberíamos enarbolar.

Todos debemos soportar en ocasiones defectos ajenos; nos recuerda Joubert que el peso principal que hemos de sobrellevar es el de las personales deficiencias y carencias. Quien aprende a soportarse a sí mismo se transformará en miembro eficiente y grato de un equipo.

Por lo general, no se trata de que unos tengan más estrella que otros. El reto es, más bien, trabajarse la suerte. Así compendia su posición, con maestría intelectual y conocimiento práctico: “todos los jardineros viven en lugares hermosos, porque los convierten en hermosos”.

La gestión de los intangibles no ha sido descubierta en Escuelas de Negocios norteamericanas. A finales del siglo XIX, Jourbert lo exponía con clarividencia: “aquellos a quienes el mundo no basta: los santos, los conquistadores, los poetas y todos los aficionados a los libros”. Y en frase que engarzo con mi propuesta de que vivir es elegir, resume: “el mayor inconveniente de los libros nuevos es que nos impiden leer los antiguos”.

A los  que, de forma inexplicable, acaban por ocupar puestos directivos que les superan, les sacude Joubert un lúcido azote: “el orgullo es el colmo de la ignorancia”.

Concluyo con otra de sus propuestas: “el placer no es más que la felicidad de un punto del cuerpo. La verdadera felicidad, la única felicidad, toda la felicidad estriba en el bienestar de toda el alma”. Dicho de otro modo: no basta con triunfar en lo profesional, es preciso hacerlo globalmente, también como personas.