Distintas investigaciones han demostrado cómo la hiperconexión y las distracciones permanentes impactan directamente en nuestra biología cerebral. Cada vez somos menos capaces de concentrarnos en tareas que llevan tiempo y demandan gran atención, por aburrimiento o por cansancio, el caso es que estamos desentrenados. Parece que es más divertida la multitarea o incluso nos engañamos pensando que nos hace más productivos. Lo que sucede realmente es que cuando intentamos realizar de forma simultánea dos o más tareas, la atención se reparte y se pierde concentración en cada una de esas actividades. Por lo que estamos a medias. Una persona que habla por teléfono mientras está realizando cualquier otra tarea, realmente no está haciendo ninguna de las dos tareas con atención, sino que responde desde mecanismos automáticos con los que ha funcionado anteriormente y se han convertido en un hábito. Digamos que cuando hacemos varias cosas a la vez, nos convertimos en una especie de autómatas. En cuanto a multitarea, el límite para nuestro cerebro se refiere a que no podemos abarcar más de 4 conceptos a la vez, cuando uno de ellos es nuevo, y sabemos que no estamos al 100% en este estado.

La atención de las personas del siglo XXI cambia cada 3 minutos, según investigaciones de la Universidad de California. Nuestra atención oscila de la bandeja de entrada de nuestro ordenador, a nuestro teléfono móvil, conversaciones con compañeros, etc. Es decir, interrupciones constantes que hemos incorporado en nuestro día a día personal y profesional, como parte de la normalidad. Esta nueva normalidad, lo que los militares americanos comenzaron a denominar allá por los años 90 mundo VUCA (volátil, incierto, complejo y ambiguo) es muy estresante para nuestro cerebro. Nuestra corteza prefrontal, situada detrás de la frente, está relacionada con la amígdala cerebral y el estrés afecta a la comunicación entre ambas. A medida que aumenta nuestro estrés, aumenta también la liberación de dos neurotransmisores, dopamina y norepinefrina, en la corteza prefrontal. ¿Qué implicaciones tiene este fenómeno? Teniendo en cuenta que las principales funciones de la corteza prefrontal son planificar, priorizar, memorizar, decidir, regular emociones… la química que provoca el estrés hace que se lleguen a anular estas funciones, por lo que te vuelves más desorganizado, despistado, irascible e impulsivo… En definitiva, menos productivo.

Si observamos a los niños y su relación con el ambiente, podemos ver cómo solo se concentran mientras no decaiga su interés. La aparición de un objeto nuevo implica el traslado instantáneo de la atención hacia él. Por eso, los niños, raras veces, logran ocuparse de una misma cosa por tiempo prolongado. No quiero decir con esta reflexión que nuestro cerebro no haya evolucionado con respecto a cuando éramos niños, pues con la edad, aumenta la estabilidad de la atención. Pero sí quiero señalar que la situación de sobre estimulación a la que estamos expuestos actualmente, hace que nos centremos más en los estímulos externos que llaman a la puerta de nuestra atención sin permiso, que en la motivación interna que elige qué estímulos atender. De alguna manera, este mundo VUCA está infantilizando nuestra atención. La principal diferencia entre el adulto y el niño es que podemos dirigir nuestra atención, guiarla conscientemente y mantenerla dirigida hacia determinados objetos. La voluntad en este proceso es la clave, sin voluntad, nuestra atención vuelve a comportarse como cuando éramos niños, de forma involuntaria. Las fuentes de la atención voluntaria se encuentran relacionadas con la aparición del lenguaje. De esta manera, el poder pensar y expresarnos sobre lo que queremos atender, nos permite dirigir nuestra acción. Es la motivación y no el estímulo lo que hace que nuestra atención se centre en algo concreto, por ello tener momentos de introspección para conocer y contactar con lo que nos motiva es clave para regular nuestra atención.

Cuando estamos concentrados, sucede un fenómeno curioso en nuestro cerebro, la presencia de ondas gamma, que pueden observarse a través de un electroencefalograma, esto significa que nuestras neuronas están trabajando deprisa. O dicho de otra forma, la actividad de varios grupos neuronales de forma coordinada. Tiene mucho que ver con procesos cognitivos de alto nivel como la atención, la consciencia, la creatividad o el razonamiento; y curiosamente también con estados de alerta máxima, respuestas explosivas, en las que necesitamos poner todos nuestros recursos a tope por una cuestión de supervivencia. Realmente es un fenómeno de integración, pues diferentes tipos de información auditiva, visual, memoria, etc. procesadas en diferentes partes del encéfalo ofrecen una percepción integrada de la realidad. Las ondas gamma son el reflejo de esa integración.

¿Cómo podemos generar ondas gamma? Como decía anteriormente, el trabajo introspectivo, también durante la ejecución de tareas que impliquen una concentración en un cálculo, cuando buscamos información sobre algo que nos interesa, cuando realizamos alguna tarea repetitiva y agradable, al practicar la meditación, cuando se activa nuestra curiosidad, cuando aprendemos algo que nos afecta emocionalmente, después de haber descansado… son innumerables las actividades que activan nuestras ondas gamma, pero no siempre están presentes en nuestra agenda.

Sabemos que la atención es un fenómeno que solo existe cuando se da al 100%, un 95% de atención ya no es atención. Los beneficios de centrar la atención son muy grandes, ya que además de ser más productivos, nos hace sentirnos mejor. Las investigaciones demuestran que somos más felices cuando estamos con foco en algo, presentes, que cuando dejamos vagar a nuestra mente. Además si focalizamos nuestra atención en aquello que estamos haciendo,  tendremos más probabilidad de hacer un buen trabajo.