Las empresas y especialmente los departamentos de RR.HH. tienen un súper poder: pueden rodear sus actividades empresariales con un halo y un carisma único, que convierte cualquier tipo de negocio, por muy tradicional que sea, en una empresa moderna, comprometida y cotizada.
Un ingrediente imprescindible de la receta del éxito y del reconocimiento es la Responsabilidad Social Corporativa (RSC). La empresa que devuelve a la sociedad parte de lo que ésta le ha brindado, se abre camino en los corazones de sus conciudadanos y, lo que es más importante, de sus empleados. Porque, al fin y al cabo, todos somos partidarios de los buenos y hemos soñado en algún momento con aportar nuestro granito de arena para cambiar el mundo.
Es cierto que la RSC muchas veces se asocia a grandes corporaciones que quieren minimizar o corregir el impacto que sus operaciones causan en la sociedad, pero si somos responsables ¿es simplemente porque cómo personas queremos que parte de nuestro trabajo y de nuestros resultados ayuden mejorar nuestro entorno? Es más, y ¿si empezamos a ser socialmente responsables dentro de nuestro entorno laboral?
Por muy bien que esté articulada una política de RSC externa, no se sustenta si no va acompañada de una responsabilidad social con nuestros propios empleados. Demostrar a nuestros trabajadores que son imprescindibles para los buenos resultados de nuestra empresa y que nuestras políticas de RR.HH. van enfocadas a conseguir la excelencia que será respaldada y recompensada, tiene un retorno de la inversión a muy corto plazo. Entre los beneficios intangibles que podemos obtener están, por supuesto, la mejora en la motivación de los empleados y la mejora del ambiente de trabajo. Pero además existen beneficios tangibles muy fácilmente medibles como: la disminución del absentismo, el aumento de la retención y atracción del talento y la disminución de los costes de producción.
Está claro que los proyectos a llevar a cabo deben ser adecuados a las características de nuestro negocio, a los resultados empresariales y al volumen de empleados. Su objetivo debe estar enfocado a hacer la vida más sencilla a nuestros empleados y a sus familias, siendo su abanico muy amplio y pudiendo tener una gran repercusión tanto en la percepción interna como externa de nuestra empresa.
Los proyectos de accesibilidad, la conversión de nuestra empresa en “familiarmente responsable”, o la creación de un entorno laboral saludable son algunas de las acciones de una empresa comprometida con sus empleados y el comienzo de una empresa comprometida con la sociedad.
La naturaleza humana es así: solemos querer a quienes nos quieren, a quienes nos hacen la vida más fácil y se preocupan por nosotros. Una empresa que no se compromete con su “fuerza laboral” no puede conseguir que sus empleados estén comprometidos. Simplemente va contra natura. Por otra parte, una empresa que no se quiere a sí misma, es complicado que sea querida por los demás. Por este motivo, crear una política de Responsabilidad interna que potencie la cohesión, la colaboración y el trabajo bien hecho, es un caldo de cultivo idóneo para el nacimiento de un proyecto de negocio exitoso y duradero.