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Comportamiento humanos en tiempos de crisis: cómo gestionar las cinco paradojas del momento que vivimos

El rostro de las crisis

Las descripciones acerca de las crisis que vivimos suelen girar en torno a las grandes cifras: impacto sobre el PIB, afectación a diferentes sectores de actividad, etc. Sin perder esa perspectiva de conjunto, pienso que la respuesta eficaz requiere una mayor sensibilidad hacia las personas con nombre y apellido que ven truncadas sus expectativas profesionales, o que deben cerrar el negocio en el que habían depositado sus esperanzas. Las crisis tienen rostro, y desde esta tribuna envío un mensaje de solidaridad y apoyo a todos los lectores que estén atravesando circunstancias difíciles. Aceptado que las crisis traen consigo dolor, quiero también poner de manifiesto los beneficios que podemos extraer de estas situaciones.

Cinco paradojas de la crisis en la gestión de personas

  1. El virus confina los cuerpos, pero no las mentes

Las restricciones en la movilidad obviamente limitan los desplazamientos y afectan a la actividad de muchos sectores. Sin embargo, descubrimos que nuestro acceso a nuevas experiencias y relaciones encuentra cauces alternativos. Mi experiencia es que algunas personas están viviendo meses muy creativos y de relaciones intensas. Por el contrario, muchos que se movían con libertad antes de las limitaciones vivían recluidos en sus rutinas.

  1. Hay personas que conectan en la distancia

Cuando los encuentros presenciales se producen solo en circunstancias excepcionales, aprendemos a apreciar las relaciones que aportan valor. Entonces desarrollamos la capacidad de conectar con esas personas por los cauces que sean. Por el contrario, caemos en la cuenta de que muchas personas que asistían a reuniones y eventos, rodeadas por muchos otros en sus centros de trabajo, en realidad se sentían solos.

  1. Las caretas nos pueden ayudar a mostrarnos como somos

En apariencia, las caretas ocultan el rostro. Lo que antes leíamos en los rasgos y movimientos faciales, ahora lo debemos adivinar observando solo los ojos. Parece que una muralla se alza entre nosotros. En realidad, cuando nos vemos sacudidos por una crisis que nos desafía a todos por igual, descubrimos puntos en común con otras personas. Recordamos entonces el tiempo en el que no usábamos mascarillas, pero manteníamos una relación ficticia y artificial con personas de nuestro entorno. Mucha gente, tal vez, iba enmascarada a cara descubierta. Mostramos nuestro auténtico rostro no cuando nos despojamos de recubrimientos físicos, sino cuando pasamos por alto nuestros prejuicios, los convencionalismos sociales y las imágenes de diseño. Nos miramos a la cara cuando reconocemos en el otro a alguien con quien puedo colaborar, no a alguien de quien me quiero aprovechar, independientemente de que una máscara se interponga o no entre nosotros.

  1. Una mayor conciencia del riesgo puede aportarnos serenidad

Vivimos tiempos en los que muchas de nuestras seguridades previas se desvanecen. Los planes saltan por los aires y tomamos mayor conciencia de nuestra vulnerabilidad. Paradójicamente, caemos en la cuenta de que esas amenazas estaban ahí, pero no queríamos verlas. Ahora, al menos, podemos tomar decisiones profesionales y de negocio desde unas bases más reales. Quizá las crisis nos ponen más en la realidad. Si son bien gestionadas, refuerzan nuestro equilibrio. Más vale una incertidumbre asumida que una seguridad ficticia

  1. La tecnología es nuestra aliada

Algunas de las amenazas que vivimos (epidemias, etc.) provienen de procesos naturales, no artificiales. En el pasado, las distopías y los discursos catastrofistas ponían el foco sobre el carácter potencialmente hostil de la tecnología. La automatización de procesos, el desarrollo de la inteligencia artificial y otros avances tecnológicos eran presentados como un riesgo para el empleo o para el respeto de nuestra privacidad. Mientras la naturaleza era considerada como un entorno benéfico, lo artificial aparecía con rostro amenazador. La crisis que estamos atravesando presenta una imagen más equilibrada dentro de este contraste. Es cierto que algunos usos de la tecnología en el mundo del trabajo pueden tener efectos contrarios a los derechos y a las expectativas de los trabajadores, pero también se ha demostrado en estos meses que ante una amenaza de origen natural la tecnología nos ha permitido conectarnos a pesar del aislamiento (tecnologías de la información) y defendernos frente a la epidemia (biotecnologías). Hemos aprendido así que el recurso inteligente a la tecnología puede ser una formidable ayuda para los seres humanos en nuestra condición laboral y profesional.

José Aguilar

José Aguilar López es Doctor en Filosofía (PhD) y Programa de desarrollo directivo (PDD) por el IESE. Socio Director de MindValue. Imparte seminarios y cursos numerosas Universidades y Escuelas de Negocios de Europa y América. En 2006 obtuvo, junto a Javier Fernández Aguado, el premio del Management Internacional Forum al mejor libro de Management del año, por la obra conjunta “La soledad del directivo” (Lid, Madrid, 2006).

Ha participado, en calidad de autor, coordinador o coautor en los trece libros. Es colaborador habitual en diarios, revistas de información económica, radio y TV.

José Aguilar is a Managing Partner of MindValue - a company specialized in professional services for C-level management - and the VP of the International Association of Management Studies (Asociación Internacional de Estudios sobre Management - ASIEMA). He is also a management coach and a senior member of the club, Top Ten Management Spain. He is recognized as one of the key Spanish experts in change management consultancy and training.

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